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jueves, 9 de diciembre de 2010

Una reflexión cargada de verdad

Hace mucho, mucho tiempo, cuando trabajaba en la radio (el Madrid ganaba Champions en blanco y negro, bueno, eso no ha cambiado mucho desde entonces) se presentó en un debate uno de nuestros contertulios habituales y dijo "lo que más me duele del paro es ir al bar de mi pueblo a echar la partida y ver como los chavales de 20 o 25 años están allí parados sin nada que hacer". Es una reflexión evidente pero hay que analizarla para darnos cuenta de lo "crudo" que es esto del paro. Es esta edad, entre los 20 y los 30, cuando deberíamos estar dándolo todo laboralmente, cuando nos tenemos que labrar el futuro para después vivir de los réditos, (como Belén Esteban, le van a pitar los oídos, que se zumbó a un torero cuando estaba de buen ver???? y aún vive de aquello). Se supone que es (y esto lo llevan a rajatabla) cuando nos tienen que explotar, que dar por el ojete, que malpagar... para que después podamos a empezar a vivir medianamente mal (que es a lo máximo que podemos aspirar). Sin embargo, mucha gente como yo está sin hacer nada en el paro, luego, y aquí llegamos a la conclusión trascendental: ¿nos van a dar por culo cuando tengamos 35 años, mujer e hijos? o aún peor, ¿qué coño va a ser de las generaciones futuras?. Por explicarlo gráficamente. es como si a un matrimonio recién casado le prohiben zumbar los diez primeros años del matrimonio.. Si después va a dar igual¡¡¡¡ ¿Se supone que van a inventar un tipo de viagra laboral que nos permita reincorporarnos al sistema plenos de renidmiento y con ganas de que nos maltraten? Siempre he pensado que esto estaba mal estructurado, que cuando puedas hacer una mínima (minmísima fortuna) vas a ser viejo y no vas a disfrutarla, sería mejor que el sistema laboral fuera al revés (como el anuncio del Audi, creo que era), pero es que a este paso yo no voy a poder descansar ni ahora ni a los 65 ni debajo de una lápida. Cuidado, que esto es serio, puede llevar a la desintegración (como preconizaba Rajoy con el Estatut) de nuestro país.
La segunda lectura de la frase de nuestro contertulio hace referencia al bar, y tiene toda la razón de nuevo. Los bares de pueblo ( o los típicos de barrio donde se echa la partida) se están llenando a las cuatro o cinco de la tarde de chavales jóvenes. es invertir el orden natural de las cosas (Por las mañanas, las familias a los pinchos, la sobremesa para los abueletes y sus cartas, las siete de la tarde para las viudas y sus cogorzas y por la noche para los jóvenes). Pero no, ahora los jóvenes se amontonan en las barras de los bares sin nada que hacer desde que se levantan (a las cuatro de la tarde, aprox.) Eso es incómodo hasta para los pobre abueletes que se ven echando la partida de tute con alguien cincuenta años menor, y encima dando lecciones, será posible... El paro está ampliando el género definido por mi padre como GALLINAZOS (dícese del especimen de género masculino de mediana-alta edad que sin tener ningún oficio ni beneficio ocupa sus horas apoyado en posición de ángulo de 45º sobre la barra de un bar, posición capaz de mantener hasta el cierre del bar o hasta la meada o vomitona más próxima). Ahora los gallinazos son gente de 20 a 90 años, y ¿qué pasa con los dueños de los bares? que están desesperados que antes era vino o chupito de hierbas, pero ahora llegan con Aquarius, Nesteas, White Labels Srpites y los tienen descolocados, que han desparecido hasta las Intervius de los mostradores, se las llevan los chavales de 18 parados en plena efervescencia de hormonas.
Digo todo esto porque a mí me ha pasado. Nunca he sido de pisar mucho los bares y ahora me veo en el de mi pueblo tardes enteras jugando al poker (que yo siempre he sido muy especial y el tute y el mus me parecen vulgares,jeje), rodeado de los afables gallinazos de mi minúscula localidad y bebiendo Trinas de Manzana. Joder¡¡¡ si hasta el otro día me sorprendí pidiendo un chupito de hierbas. Eso sí, ese día no lo dejé de pedir en toda la tarde y por la noche salí a otro bar pero de fiesta, que yo las tradiciones de la juventud no las pierdo ni en el paro.

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